sábado, 23 de mayo de 2009

LARRY NIVEN - Mundo Anillo, 2007 (1970).



Leyendo la contraportada uno se puede imaginar a Arthur C. Clarke serio, con el cuello rígido, mirando fijamente a los ojos al lector primerizo, deslumbrando con una camisa hawaiana y espetando en un susurro: “Te recomiendo que te adentres en el mundo de la CF con este libro. Mola”. Y es que Clarke, padre reconocido del estilo hard, publicó El centinela en 1951, y después de que el complicado Kubrick llevara el cuento al cine le dio forma de novela en 1968 con el título 2001: una odisea espacial, dos años antes de que Larry Niven diera a la imprenta Mundo Anillo. ¿Por qué la recomendación de Clarke? Posiblemente se deba a que el tema es el mismo: la evolución natural e inducida.


Niven no pertenece a esa lista de escritores torturados por una infancia sin amor ni dinero, o a la de esos otros que sufrieron los rigores físicos y psíquicos de un conflicto bélico. Qué va. Larry heredó de su abuelo petrolero una enorme fortuna que le permitió iniciar la aventura literaria sin pensar en la hipoteca o en las letras del coche, y eso después de estudiar Matemáticas y Psicología en la Universidad. Tampoco pasó su adolescencia en la América profunda, o tras el mostrador de una tienda devorando pulps al estilo Asimov; no, se bronceaba en la zona residencial de Los Ángeles, California. Las vivencias personales, como he escrito otras veces, marcan el mundo literario de cada escritor.

Bueno, pues Mundo Anillo es una novela a la que le sobran las 121 primeras páginas, que muy bien el autor podría haber sustituido por un par de párrafos y listo. Aún no he encontrado el propósito de Niven en ese centenar y pico de hojas; es como si disfrutara escribiendo sin un objetivo claro. Además, adolece de cierto infantilismo en el reclutamiento e imagen de los personajes, tipos clasicotes de la CF juvenil, que no sorprenden ni enganchan. Quizá la única que despierta interés sea Teela, cuya existencia y don, la fortuna, parecen ser un designio del destino, una característica que Niven construye con habilidad evitando lo artificioso o rebuscado.

El traslado de los problemas de su tiempo, el presentismo, es otra de las señas de identidad de la obra. En este sentido, la cuestión de la superpoblación recorre la novela, que es un tópico que hemos podido leer en coetáneos suyos como Harry Harrison, Haldeman u Orson Scott Card. Niven vincula el desarrollo tecnológico con el control de la natalidad, de manera que Nessus, el titetore, el alienígena que pertenece a la civilización más avanzada, tiene como premio a su expedición la reproducción. Es más; le toca reproducirse con el “Ser Último”, una forma irónica de llamar al más poderoso.

Los estereotipos femeninos no encajarían en un premio Planeta de 2009 porque son prácticamente objetos sexuales que no deciden sus acciones por razonamientos sino por emociones. Esto me recuerda a las mujeres que dibujaba Richard Corben también en la década de los setenta y más allá. Por último, Niven describe una civilización ajena a cualquier religión monoteísta. Hay una referencia a los dioses de los kzinti, a los que describe como los más atrasados en todos los sentidos, menciona a un tal “Fregenal” para sustituir a “Dios” en expresiones corrientes, y al final aparece de forma inopinada Jehová.

Todo este conjunto, bastante mediocre, queda oscurecido por el tema de Mundo Anillo que, como dije, es la evolución inducida. En la historia de Niven los humanos y los kzinti desarrollaron su civilización a interés encubierto de los titerotes. Los anillícolas intentaron construir un lugar perfecto, sin problemas de espacio, tomando especies curiosas o en peligro de extinción para adornar su mundo. Pero una de esas especies, los monos, evolucionó hasta convertirse en hombres, hombres que no pueden desprenderse de su naturaleza, ni para bien ni para mal, y que creen que los ingenieros de Mundo Anillo son sus dioses. Los protagonistas viajan por el planeta artificial buscando la respuesta a una pregunta: ¿Por qué se produjo la decadencia? En este punto es obligado el reconocerle el ansiado sentido de la maravilla. Y aquí es cuando me acordé con tristeza de los que de forma pedante van buscando fallos científicos en las novelas de CF. A mí qué más me da que ese mundo circular inventado por Niven sea matemáticamente “inestable”. Yo no buscaba un libro de texto de Física, sino una novela para soñar.

5 comentarios:

  1. Hola Jorge. Bueno, en la ciencia-ficción hay mucha gente que busca verosimilitud. Es la esencia sobre todo del llamado hard. Tranquilo, no me voy a enrollar, pero simplemente hay gente que le gusta la física como entretenimiento. No creo que sean los mismos pedantes que buscan fallos. Esos son peores.
    A mi me gustó la novela, me pareció entretenida y me gustaron las aventuras y peripecias de una pandilla muy peculiar en un mundo que evoca como nada ese sentido de la maravilla.
    Saludos

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  2. Hola, Lino. Guardo un buen recuerdo de la novela, sobre todo del sentido de la aventura. Y estoy de acuerdo: pedantes y buenos aficionados, no tienen por qué coincidir. Gracias por comentar.
    Saludetes

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  3. Me pareció bastante entretenida, e Interlocutor de Animales me pareció el personaje más entretenido, Y me pareció muy valeroso cuando el Kzin y Luis hablan de la posible guerra de los Kzinti vs los titerotes por lo de haber intervenido a favor de los humanos y en encasillarlos para que genéticamente empezaran a ser menos agresivos contra las demás especies, y admitiendo que en dicha guerra los Titerotes aplastarían a los Kzin, pero que era una cuestión de honor... Me parece que el libro tiene su lado bueno.

    "Tengo miedo, aunque conozco el escaso valor que tiene mi vida"

    Saludos!!!

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    1. Totalmente de acuerdo, Francisco Guillermo. Y la frase, muy buena y descriptiva. En esa parte, en el manejo de las especies, entre ellas la humana, tiene cierto aire a la obra de Van Vogt, uno de mis autores favoritos.

      Saludetes :)

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  4. Lei este libro hace unos 15 años y fue muy impactante para mi. Especialmente la vastedad de un mundo que por la necesidad de la distancia radial al sol central, para que ese sol se percibiera pequeño y no quemara, el mundo anillo debía tener un diámetro imposible!!! La cantidad de material necesario para construirlo, veamos lo pequeño que es un planeta comparado a un sol, y este mundo anillo era terriblemente mayor a un sol... de cuántos miles de planetas sería necesario extraer minerales para armar esa estructura??? Eso me consumía la mente mientras leía página tras página. Finalmente decidí aceptar la posibilidad de su existencia y disfruté mucho la historia.
    Eso si... no sé si a alguien más le ha ocurrido, pero al terminar de leerlo me fijé minuciosamente en la encuadernación para ver si no le faltaban páginas, pues me dio la sensación de que no terminaba allí... pero luego al ver otro ejemplar comprobé que el final de la obra es así nada más abrupto. Es lo único que tengo para criticarle, por lo demás es una maravilla, amo este libro!!

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